lunes, 9 de noviembre de 2009

Traducción 3ª parte: "Salvar el agua"

Nina se quedó sola con la noche. ¿Había soñado? ¿Lo que acababa de ocurrirle era real? Miró a su alrededor, ni rastro de la ninfa, ni de su conversación... Comenzó a recuperar el sentido de la realidad. ¿Qué había hecho? Darle su cuerpo a una ninfa de la cual no conocía la existencia apenas un día antes. ¿Tenía alguna razón para confiar en ella? ¿Recuperaría su cuerpo? Nina se dio cuenta de que había caído la noche, el tiempo había pasado increíblemente rápido. ¿Cuánto había estado con la ninfa? Su padre debía de estar preocupado, no había vuelto para comer y ella no solía demorarse mucho. Por las noches el bosque era peligroso y nadie se atrevía a adentrarse en él a esas horas.
Nina echó a correr hacia su casa. Casi no sentía las piernas pero sólo el deseo de salir de aquel lugar la guiaba. Estaba asustada. Numerosas preguntas se agolpaban en su cabeza: ¿Por qué ella? ¿qué la hacía mejor que cualquier otra persona? Sólo tenía 16 años y desde luego no se sentía capaz de salvar los lagos. Las lágrimas comenzaron a caer, acariciaban su piel dulce y lisa y caían sobre el frío y oscuro suelo del bosque. Empezó a vislumbrar las luces de su pueblo, esas luces que en esos momentos le resultaron tan reconfortantes. Llegó a la puerta de su casa prácticamente sin aliento. Sus lágrimas cesaron. Por fin estaba en casa.
Su padre estaba sentado junto a la mesa, con un gesto de angustia en el rostro. Podía comprenderle...

- Papá, estoy aquí.

El giró inmediatamente la cabeza en su dirección. Con un movimiento brusco se levantó y la estrechó entre sus brazos. Por fin se sintió tranquila. Tras un breve silencio, su padre comenzó a interrogarla.
- ¿Dónde has estado? Llegué a casa y no te encontré. ¿Qué hacías fuera a estas horas? He estado muy preocupado por ti. No vuelvas a hacerme esto.
Nina no supo qué responder, de todas formas ella no podía explicarle la verdad, jamás la creería. Ni ella misma sabía cómo enfrentarse a esta situación. Buscó rápidamente algo para explicarse, odiaba tener que mentirle.
- Perdóname, papá, me quedé dormida esta tarde cerca del lago y cuando me quise dar cuenta ya se me había hecho muy tarde, no te preocupes, estoy bien.
No tardó en subir a su habitación sin cenar siquiera. Estaba agotada y las palabras de la ninfa sonaban en su cabeza sin cesar: "Lo primero que debes hacer es acudir al lago dentro de dos noches, cuando la luna esté llena..." No tenía elección, le había dado su palabra, no debía echarse atrás, los lagos debían salvarse.
La noche transcurrió agitada al igual que la siguiente. Nina había reflexionado durante estos dos días y había tomado una decisión: iría al lago y le daría su cuerpo para proteger lo que tanto amaba.
Estos dos días la habían vuelto segura de sí misma. No sabía a dónde le llevaría todo esto pero estaba preparada para la larga aventura. Podía sentir cómo la angustia la invadía pero no debía dejarse llevar por el pánico. Esperó a la oscuridad para que su padre se fuera a dormir. Los minutos parecían horas, pero Nina no vaciló.
Finalmente la calma reinó en la casa, ni un ruido, sólo la fina brisa que movía las hojas de la calle rompía el silencio. Salió todo lo deprisa y silenciosa que pudo. Echó a correr hacia los lagos, el momento había llegado.
Sintió el agua chapotear bajo sus pies, la luna lucía totalmente llena y toda la superficie del lago estaba ilumniada, la vista era espléndida. Nina no se arrepentía de su decisión. Por nada del mundo quería perder aquello. Era la hora. Dejó sus cosas sobre la orilla, se quitó el abrigo y comenzó a penetrar en el agua...

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